
Ahora sabemos ( o mejor dicho, recordamos) que Hillary Clinton no se encontró con tiros al bajar del avión cuando estuvo en Bosnia. Pero, nos preguntamos, ¿Por qué una señora con tanto tino cae en semejante error?
Los manuales de márketing personal (hola, Andrés Pérez) nos dicen que ante todo no se debe mentir. Y esto es importante por que en la construcción de una imagen pública es fundamental crear credibilidad. Este atributo es, de lejos, uno de los más importantes y se construye con los hechos, las palabras y las actitudes. Hillary a olvidado todo esto en sus últimos metros de carrera.
En los momentos críticos (y el suyo lo es) debemos mantener la cabeza fría, no hay que dejarse llevar por la tensión del momento (que se lo pregunten a hamilton después del Gran Premio de Brasil). "La" Clinton está acelerando sus acciones y está dejando de ponderar las consecuencias contextuales de sus apariciones. Ahora bien, en mayor mentira cazaron a su marido y no pasó nada (con mayor o menor ayuda de Dick Morris y sus brillantes micropolíticas). ¿Es tan grave, por tanto, que idealice sus recuerdos en territorio de guerra?
Lo que no sabemos si ha valorado en su justa medida es la presencia, frente a ella, de un verdadero artista llamado Obama. Este hombre, nos caiga mejor o no, está aportando nuevos aires a la política. ¿Quién no sueña con Estados Unidos gobernado por un negro o una mujer? Ambas situaciones eran imposibles hace sólo diez años.
Eso sí, cuán quemada llegará la imagen de cualquiera de estos dos candidatos después de tantos meses de enfrentamiento.